Viaje de ensueño a Suiza (II parte)

4 mayo, 2012

La semana pasada compartimos con vosotras la primera parte del viaje de ensueño a Suiza de Maria José, nuestra ganadora de Dream Garden. Como os dejamos con muchas ganas de conocer más de esta experiencia inolvidable, hoy os traemos la segunda parte de este viaje maravilloso. Si la semana pasada ya os dio un poquito de envidia, seguro que hoy os quedaréis con la boca abierta.

“A las 6h sonó el despertador. Teníamos que estar listas a las 6h45, pues las actividades continuarían en el Glaciar 3000, al que había que ir en coche. Desayunamos por el camino (el desayuno en el hotel lo sirven más tarde los fines de semana) y, sobre las nueve y media, estábamos en la parte baja del glaciar, listos para subir en teleférico. La ascensión, dividida en dos tramos, duró unos treinta minutos y ya estábamos en lo alto.Un pequeño descanso para habituarse a la altura (la verdad es que yo, especialmente, no lo llevé demasiado bien), un pequeño refrigerio y a la telesilla; unos metros andando sobre la nieve y ya podíamos ver y oír los huskies que nos tirarían del trineo en el que daríamos un paseo de media hora, con pequeña caída incluida.

A la vuelta, nos despedimos de los perros y de su dueño, no sin hacernos unas fotos, y nos montamos en el bus de nieve, que ya nos estaba esperando. Fuimos hasta la Quille du Diable (la zona del glaciar en la que estuvimos se llama “Les Diablerets”), desde donde la vista de los Alpes es impresionante. Volvimos en el mismo transporte hasta el pie de la telesilla para subir de nuevo. Pudimos disfrutar de las vistas, de la gente haciendo esquí, snowboard y parapente con esquís.

En el restaurante Botta, situado en la estación de esquí, degustamos una raclette (queso fundido con patatas cocidas, pepinillos y cebolletas). Después de comer, iniciamos el descenso en teleférico y pusimos rumbo a Gstaad, donde dimos un paseo y nos deleitamos viendo los escaparates de tiendas con productos de inalcanzables precios. Sobre las 17h30 dejamos el pueblo para dirigirnos a su aeródromo, donde nos esperaba nuestro piloto con la avioneta.

El vuelo, de aproximadamente una hora y media, fue magnífico. Al principio, estaba un poco nerviosa, y casi me parecía que el piloto era un poco temerario, pero las vistas eran tan impresionantes que el miedo prácticamente se desvaneció y empecé a sentirme segura y a gozar de aquel paisaje espléndido. Vimos de cerca, entre otros, el Matterhorn o Monte Cervino (cuyo perfil conocía desde la parte italiana, porque lo había visto en un viaje con mi familia realizado cuando era niña) y los tres picos Eiger, Mönch y Jungfrau. Pero todo lo bueno se acaba y la gasolina también, así que volvimos al aeródromo para dar por finalizado el viaje. Cogimos el coche y regresamos a Luzern, cenando esta vez en el restaurante del hotel.

El tercer y último día estuvo dedicado a Bern, ciudad separada de Luzern por una hora de tren. Llegamos a las 11h y ya nos estaba esperando nuestra guía, Rocío, que, a pesar de contar con sólo unas horas para mostrarnos la ciudad y contarnos su historia, nos enseñó un montón de lugares y anécdotas. Visitamos a los osos, símbolo de Bern (su nombre proviene de “Bär”, oso en alemán) y comimos otra de las especialidades suizas: Käsefondue (fondue de queso) con patatas asadas y pan, y té negro de bebida, ya que para poder digerir bien la fondue se recomienda acompañarla con té negro o vino blanco seco, nunca con agua.

A las 15h estábamos ya acomodadas en el tren de vuelta a Luzern, en cuya estación nos esperaban para llevarnos al aeropuerto de Zürich y dar así por terminada nuestra experiencia.

Regresamos agotadas después de haber utilizado en sólo tres días un abanico completo de medios de transporte, alguno de ellos por primera (y quizá única) vez en nuestra vida. Y seguíamos sin creernos que habíamos vivido realmente todo aquello que parecía más bien un sueño maravilloso; necesitamos varios días contándolo y mirando las fotografías (que podrían ser mejores si hubiéramos tenido la oportunidad de detenernos para hacerlas) para autoconvencernos de que sí habíamos hecho todo aquello.

Nuestro recuerdo de Suiza es imborrable; Luzern y Bern son ciudades preciosas, por las que es una delicia pasear, muy cuidadas y con un importante patrimonio artístico y cultural; el conjunto de montañas y lagos configura un panorama irrepetible, unos paisajes “de cine” (vistos, efectivamente, en alguna película). Fuimos, además, muy afortunadas, porque nos habían advertido que el plan de viaje podría verse modificado si las condiciones meteorológicas hacían difícil alguna de las actividades previstas; pero los hados estuvieron de nuestra parte y tuvimos un tiempo magnífico, que nos permitió llevar a cabo el programa completo.

Queremos agradecer sinceramente las atenciones de Silvia, Jorge, Alejandro y Rocío, las personas de la agencia que gestionaron todos los detalles del viaje y que nos atendieron y acompañaron con una amabilidad y cortesía dignas de elogio. Y, sobre todo, queremos agradecer la iniciativa de Germinal y su enorme generosidad por hacer posible que cualquier persona pueda hacer realidad algún día un sueño, por refinado que sea. No lo olvidaremos. Muchas gracias.”

Comparte este artículoShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someonePrint this page

Deja un comentario

Galería