Un viaje de ensueño a Suiza (I parte)

27 abril, 2012

Maria José fue la afortunada que ganó nuestro concurso de Dreamgarden y su premio fue nada más y nada menos que un viaje a Suiza. Ha querido compartir su experiencia con todas vosotras y llevar a vuestras casas todo el Efecto Positivo+. Hoy os descubrimos la primera parte de esta gran aventura. ¡Seguro que se os ponen los dientes largos!

“La noticia de que había logrado un premio extraordinario en el concurso de Germinal me llegó en un momento delicado, porque estábamos preocupados por un problema de salud de mi padre (que, afortunadamente, se resolvió bien). Por eso, al principio, no sólo me costaba creérmelo sino que ni siquiera le presté demasiada atención. Pero, cuando se pusieron en contacto conmigo desde la agencia de viajes, empecé a tomármelo en serio.

Entre varias opciones tentadoras que me habían ofrecido, me había decantado -no sin muchas dudas, porque todas eran muy atractivas- por un viaje de ensueño a Suiza y, como era para dos personas, invité a mi tía a acompañarme. Ella creyó que pretendía gastarle una broma, porque cuesta aceptar que, algunas veces, los sueños pueden hacerse realidad; lo cierto es que nadie en mi casa se lo tomaba en serio e, incluso cuando ya teníamos la documentación en nuestras manos y estábamos preparando las maletas, mi abuela estaba convencida de que sólo podía tratarse de una trampa para secuestrarnos (ignoro con qué objetivo, porque es obvio que no podía ser por motivos económicos).

Y llegó por fin el día de la partida. El viernes empezó muy temprano; a las 6h30 nos estaban esperando para llevarnos al aeropuerto. Llegamos con tiempo de facturar, pasar los controles y tuvimos tiempo de desayunar. El avión salió puntual y llegó más puntual aún. A la salida del aeropuerto de Zürich, nos esperaba el que sería nuestro chófer y guía durante los tres días. Nos llevó directamente a Luzern (una hora de trayecto, más o menos), dejamos las cosas en el hotel, nos refrescamos un poco y nos pusimos en marcha; una marcha que no pararía hasta bajar del avión el domingo por la noche. Por el camino, pudimos disfrutar de una vista del monte Pilatus, con su característico perfil, que es uno de los iconos de la ciudad.

Después de dejar rápidamente nuestras cosas en el hotel (sólo al regresar por la noche pudimos apreciar que nos habían asignado una espléndida suite abuhardillada), tuvimos ocasión de pasear unos pocos minutos por la ciudad medieval de Luzern; la razón de tanta prisa es que teníamos que coger un barco antes de las 13h12, y salió a las 13h12, puntualidad suiza. Si no sabíamos antes lo que era la puntualidad, en tres días lo aprendimos a golpe de carreras; el plan estaba organizado para que no se perdiera ni un minuto.

El viaje en barco por el Lago de los Cuatro Cantones duro casi una hora, ya que llegamos a nuestro destino, Vitznau, a las 15h09, con el tiempo justo para subir al tren cremallera que nos llevaría a la cima del monte Rigi. Las vistas, tanto desde el barco como en la subida a la montaña, son magníficas. Conforme íbamos ganando altura, empezamos a ver la nieve de cerca. Nuestra parada fue la última: Rigi Kulm, a 1752 metros de altura.

Estaba previsto que comiéramos en el Restaurant Rigi Kulm, pero tenía un aviso de que estaban cerrados hasta abril… ¡Ningún problema! Justo en la parada del tren cremallera hay un lugar donde venden recuerdos y también dan comidas. Probamos las “Wurst” (salchichas típicas de la zona), acompañadas de una bebida de manzana. El sol brillaba, no hacía viento ni prácticamente frío, por lo que pudimos comer en las mesas que estaban dispuestas en el exterior, con las vistas a las montañas nevadas.

Después de comer, dimos un paseo por la cumbre, evitando siempre las zonas con hielo por el posible riesgo a resbalones, y llenamos los pulmones de aire fresco. Cogimos el último tren cremallera y llegamos unos minutos antes de que el barco de vuelta a Luzern llegara al embarcadero. En el camino de vuelta disfrutamos de la puesta de sol entre montañas. Llegamos a la ciudad sobre las 18h y tuvimos unas dos horas para pasear y hacer unas pequeñas compras, pero, como en otros lugares de Europa, el horario es diferente al español y muchas tiendas ya estaban cerradas; aún así, pudimos entrar en una chocolatería y nos hicimos con algunas delicias típicas.

La cena estaba prevista para las 20h30, así que sobre las 20h nos fuimos al hotel a dejar las compras y un cuarto de hora después nos estaban recogiendo para llevarnos al Chateau Gütsch, en donde disfrutamos de una magnífica velada: gastronomía exquisita y ambiente inmejorable con vista nocturna de Luzern. Nos estaban esperando al acabar y nos llevaron de vuelta al hotel para descansar, ya que al día siguiente nos esperaba una jornada muy completa. (…)”

La semana que viene os descubriremos en un nuevo post el resto de peripecias que vivió Maria José en este viaje de ensueño. ¡Ya estamos deseando leerlo!

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